Padre Pío de Pietrelcina, guía iluminado y maestro del espíritu, es la gran figura de nuestros tiempos que escucha, anima, sostiene y guía cuidadosamente al pueblo de Dios en los caminos de santidad y verdad.

La vida del Padre Pío es un llamado divino extraordinario y una respuesta humana admirable. Sus características son amor, oración y soledad. Durante su vida siguió las enseñanzas de San Francisco, un ejemplo palpable de la vida de Cristo y un modelo terrenal para imitar.

A través de la oración, el Padre Pío llevó muchas almas a Dios; llevó científicos, artistas y políticos a Cristo. Su apostolado y predicación fueron silencio lleno de Dios y su inmolación en el confesionario. El Padre Pío vivió el sacerdocio como una misión. Les dio la bienvenida a penitentes y guió sus almas hacia el camino recto. Amó y siguió a sus hijos con misericordia infinita. Sus palabras, decididas y resueltas, penetraron el interior de las almas para levantarlas y liberarlas del mal, con el propósito de construir al nuevo hombre.

Siendo humilde de corazón, un hijo digno de San Francisco y una imagen clara de Cristo, durante su vida el Padre Pío ocultó los misterios de su mundo interior de manera admirable: estigmas, carismas, sanidades, milagros y su camino totalmente espiritual hacia Cristo.


Padre Pío y la Oración

La oración diaria nutrió el amor del Padre Pío por Jesucristo y su Iglesia; así mismo fue fructífero por medio del sufrimiento físico que lo acompañó a lo largo de su vida. Este sufrimiento creó una unión más estrecha a la Pasión de Nuestro Señor. De igual manera, lo hizo partícipe de los dolores de la Bendita Virgen María, Madre de nuestro Dios y de nosotros.

El Padre Pío encomendó su vida a Cristo y lo siguió hasta la Cruz. Sus días en la tierra fueron un diálogo contínuo con Dios a través de la oración. Era una oración contínua: día y noche, a solas y con los fieles. Pero sobre todas las cosas, en efecto, entre más oscuro el horizonte, más intensa era su oración. La oración del Padre Pío también involucró tiempos de adoración, devociones marianas y la recitación del Santo Rosario. El Padre Pío se describió a sí mismo como nada más que un "pobre fraile que reza".

El Padre Pío de Pietrelcina experimentó el gozo que llega por hacer la voluntad de Dios, y él mismo fue una señal del amor de Dios, un instrumento de gracia divina y nuestro intercesor ante el Todopoderoso. Al seguir las huellas de la vida personal del Padre Pío, este santo padre y víctima perfecta, encontramos las características celestiales de la obra de Dios en su alma y cuerpo.

La santidad significa ser superiores a nosotros mismos. Significa lograr la victoria sobre todas nuestras pasiones, preferir la pobreza en vez de riquezas, la humillación en vez de gloria y dolor en vez de placer. La santidad es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. Así escribió el Padre Pío de Pietrelcina.